26 de marzo de 2015
Estoy triste. Tristísimo. No tengo ganas de nada. ... Bueno, sí: de huir. Quiero, necesito, huir de esta vida, de este trabajo, de esta "relación". Todo me oprime, me desgasta, me lleva a la muerte. Una vida vivida para nada. Una vida, la única que tenemos, tirada por el desagüe ....
Suma y sigue con sus mentiras: ayer llegué pasadas las nueve de la noche a casa. No estaba. La llamé por teléfono al móvil. No porque estuviese preocupado por ella. Me daba igual. Tan sólo para saber a qué atenerme.
Me cogió el teléfono y me rezó unas vagas excusas. Me daba igual lo que me dijera. Llegó a decirme -no sé si porque la traicionó el subconsciente- "que hoy no podía ir a ver a su amiga porqué tenía MEDITACIÓN" ... ¿Qué coños de meditación???? A mí no me ha explicado nada de que vaya a meditación ... me dio igual. Ni tan siquiera le pregunté. Una más de las suyas.
¡Por dios, que se vaya!!
Estoy harto de estar triste. De escribir sólo de ella. Quiero ser libre para poder escribir de otras cosas. De poder pensar en otras cosas. De sentir otras emociones más allá de la tristeza.
Pero me bloquea las emociones. Ni siquiera tengo ganas de hablar con mis hijos. Hoy los veré. Me supone un esfuerzo enorme estar con ellos, tener que aparentar una normalidad interior que no tengo. A un dolor se suma un esfuerzo. Un tremendo desgaste emocional.
Me he aumentado la dosis del ansiolítico. ¡Qué estupidez!: por no expulsarla de mi vida, -porque no tiene de qué vivir-, estoy destrozando la mía ....
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